Una jornada escolar que transcurría con total normalidad en el barrio porteño de Caballito se transformó súbitamente en una situación de tensión y emergencia, luego de que se registrara la dispersión de gas pimienta dentro de un establecimiento educativo. El episodio derivó en la asistencia médica de casi dos veintenas de personas y requirió la rápida intervención de los equipos de auxilio de la Ciudad.
Despliegue de emergencia y asistencia médica
El incidente tuvo lugar en la reconocida Escuela Normal Superior N° 4, emplazada sobre la concurrida avenida Rivadavia al 4950. Según los reportes brindados por los servicios de emergencia, el fuerte irritante comenzó a expandirse por sectores comunes, generando ataques de tos, irritación en las vías respiratorias y malestar general entre alumnos y docentes.
Ante la alerta emitida por las autoridades de la institución, se montó un importante operativo coordinado que incluyó la llegada de múltiples ambulancias del SAME —con una dotación de móviles de apoyo—, además de la presencia de personal de los Bomberos de la Ciudad y efectivos policiales que aseguraron el perímetro sobre la traza vial para facilitar el trabajo de los rescatistas.
En total, el personal médico examinó en el lugar a 18 personas afectadas por la inhalación del compuesto químico. La gran mayoría de los damnificados logró recuperarse tras recibir oxígeno y asistencia preliminar en la institución; sin embargo, una adolescente de 14 años debió ser derivada de urgencia hacia el Hospital Durand debido a cuadros de náuseas y vómitos provocados por la intensidad de la sustancia, aunque se confirmó que se encontraba fuera de peligro.
Indignación y desconcierto en la comunidad educativa
De acuerdo con los testimonios recabados entre los estudiantes, el fuerte olor comenzó a percibirse de imprevisto en los pasillos y baños, propagándose rápidamente hacia los pisos superiores a través de las escaleras. Varios testigos señalaron que el incidente respondería a una “broma de mal gusto” o a la manipulación imprudente de un aerosol de defensa personal por parte de algún alumno, descartando fallas estructurales o escapes de gas convencionales.
Mientras las autoridades judiciales —a través de la fiscalía correspondiente— avanzan en las diligencias para determinar responsabilidades y esclarecer cómo se introdujo el elemento irritante al recinto escolar, el episodio reavivó la preocupación por el manejo de objetos peligrosos en ámbitos educativos y la necesidad de reforzar los controles internos.
